¿Por qué los sistemas de alerta temprana de deslizamientos no llegan donde más hacen falta?

Los sistemas de alerta temprana de deslizamientos llevan años mejorando, pero los datos de 2026 recuerdan que el problema no está remitiendo.
En marzo, Dave Petley, uno de los profesionales que más de cerca sigue todo lo relacionado con los deslizamientos de tierra, publicó
uno de esos datos que incomoda:
61 eventos fatales en un solo mes, 520 víctimas, el registro más alto de su serie histórica. La media del periodo 2004-2016 era de unos 23 eventos mensuales.
Petley reconoce que no sabe con certeza a qué atribuirlo, si a la mejora en la calidad de los datos, al cambio climático, o a la rápida degradación que está ocurriendo en las zonas de montaña.
Y esta honestidad es, de por sí, una advertencia, y también el punto de partida para una pregunta que los datos ponen sobre la mesa:
¿por qué la tecnología no llega antes a quienes más la necesitan?
Deslizamientos de tierra por causas humanas: lo que el terreno no explica por sí solo
Durante décadas, el análisis del riesgo geológico en montaña
ha señalado a la topografía y la precipitación como factores dominantes.
Pendiente, litología, lluvia acumulada... son factores reales, pero un estudio publicado este año en
Science Advances
pone en cuestión que sean los más determinantes cuando se mide en términos de víctimas mortales.
El equipo analizó casi
seis décadas de cambios en los usos del suelo en zonas montañosas de 46 países.
El resultado es que esos cambios tienen
una influencia estadísticamente mayor sobre la mortalidad por deslizamientos que la topografía o la precipitación, especialmente en países de renta baja y media. El propio Petley, que había contribuido a construir la base de datos de referencia del estudio, admite que el resultado le sorprendió.
Pero, ¿de qué cambios estamos hablando? Los habituales en territorios sometidos a una elevada presión demográfica y económica:
deforestación, expansión de asentamientos en ladera, apertura de carreteras sin criterio geotécnico... Cada uno de ellos altera la estabilidad del suelo de forma acumulativa.
Un
estudio reciente sobre Nepal ilustra bien ese mecanismo: las
carreteras de tierra de bajo coste generan un incremento significativo de deslizamientos en las zonas adyacentes, con beneficios económicos que resultan ser, en cambio, limitados.
La diferencia entre Suiza y Haití no está en la pendiente de sus montañas. Está, en buena parte, en lo que cada sociedad ha decidido hacer con sus laderas.

Carretera en Los Himalayas. Fuente: Rahul Aravind CC BY-NC-ND 4.0
¿En qué punto se encuentran los sistemas de alerta temprana de deslizamientos?
Lo primero de todo, conviene dejar claro que
no es posible revertir en meses décadas de transformación territorial.
Y es justo en estas
zonas sometidas a profundas modificaciones donde los
sistemas de alerta temprana de deslizamientos
(LEWS, por sus siglas en inglés) tienen mayor sentido. No como sustituto de la planificación del suelo, sino como la herramienta más operativa a corto plazo para reducir víctimas donde el daño ya está hecho.
La
monitorización de deslizamientos ha avanzado de forma notable en los últimos años. Las redes de sensores IoT con conectividad LoRaWAN permiten instrumentar laderas en zonas remotas sin cobertura móvil, con bajo consumo energético. El aprendizaje automático mejora la predicción de desplazamientos y permite ajustar umbrales de alerta con mayor precisión que los modelos clásicos basados en precipitación.
Y la investigación avanza también por
vías menos convencionales, como la desarrollada por la
Universidad de Loughborough
y que se basa en un sistema que escucha las emisiones acústicas que genera el suelo cuando empieza a moverse, activando la alerta antes de que el movimiento sea visible en superficie.
Pero la
cobertura sigue siendo limitada, especialmente cuando tenemos en cuenta que
el 8,2 % de la población mundial vive en zonas propensas a deslizamientos. En 2019 solo cinco países contaban con sistemas de alerta temprana de deslizamientos operativos a escala nacional.
Y el patrón es claro.
Las zonas con mayor mortalidad son, en muchos casos, las mismas que acumulan décadas de transformación del territorio y menor acceso a estos sistemas.
La brecha no es solo tecnológica.
Dos escalas, una misma urgencia
La prevención de deslizamientos de tierra requiere actuar simultáneamente en dos niveles:
- la planificación territorial, analizando dónde se construye, qué tipo de infraestructuras se permiten en ladera o cómo se gestiona la cubierta vegetal,
- y la capacidad de aviso cuando el riesgo ya existe.
La primera puede evitar que el problema siga creciendo. La segunda puede salvar vidas hoy.
En Arantec trabajamos en ese segundo nivel, como parte del proyecto
The HuT Nexus, desarrollando
sistemas de alerta temprana en la Val d'Aran.
No es una respuesta completa al problema.
Pero mientras las condiciones del territorio tardan en cambiar, contar con sistemas que detecten y adviertan a tiempo marca una diferencia real.
